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    Responsabilidad de los pacientes

    Se habla mucho de los derechos de los pacientes.

    Actualmente hemos dejado de ser sujetos pasivos en nuestro rol de pacientes y consideramos que es nuestro derecho tener voz y voto en las decisiones médicas que afectan nuestra vida cotidiana.

    Solicitar una segunda opinión es un derecho.

    Que el médico nos explique en detalle el tratamiento que propone es un derecho.

    Que se cumpla con el horario y no tener que estar en la sala de espera dos horas también es un derecho.

    Tener acceso a nuestro profesional de la salud, o el de nuestros hijos, cuando lo necesitamos es un derecho. Pero también es un privilegio.

    ¿A qué me refiero por “privilegio”? Nuestro médico, o el de nuestros hijos, no está obligado a compartir con nosotros su número de teléfono móvil. Sin embargo muchos lo hacen y nos abren la puerta a su espacio personal.

    Esto es mucho más que un derecho. Es un privilegio. Al menos en mi opinión personal.

    Y al igual que los derechos, esto conlleva también obligaciones y uso responsable. Mi obligación como paciente es respetar el espacio personal del profesional. No puedo invadir su vida personal. No debo hacerlo.

    Si necesito coordinar una visita al consultorio, lo tengo que hacer con quien se ocupe de llevar su agenda (secretaria, central de turnos, servicio externo, etc.).

    Si necesito hacer una consulta, puedo enviar un mensaje (texto o WhatsApp) y esperar pacientemente a que me responda cuando lo considere oportuno, siempre en su horario laboral.

    Si tengo una urgencia seguramente lo más razonable sea dirigirme al servicio de urgencias o guardia de mi centro de salud, al tiempo que se lo informo a mi médico, o al de mis hijos.

    A veces escuchamos quejas que los médicos no nos tratan como personas. Que nos consideran un fragmento del todo. Que no nos tienen en cuenta en forma integral.

    Pero también es cierto que muchas veces olvidamos que el profesional que tenemos delante también es una persona. Una persona que guarda todo lo que sea “personal” en una cajita mientras trabaja atendiendo a sus pacientes. Debemos entender que atendernos y cuidar de nuestra salud es su trabajo, no su vida. Que tiene una vida personal de la que no somos parte. Y que es nuestra obligación respetarla.

    En estos tiempos en los que estamos tanto tiempo en línea y esperamos respuestas inmediatas tal vez va siendo hora de redefinir los protocolos de comunicación con nuestros médicos y otros profesionales de la salud.

    Que nuestro médico, o el de nuestro hijos, se muestre más cercano y accesible no significa borrar de un plumazo las fronteras y los límites establecidos por la buena educación.

    Escrito por

    La diabetes es parte de quien soy, pero no me define. Yo me defino a mí misma.

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