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    En pausa

    Estoy, o me siento, en pausa o en estado de hibernación.

    La hibernación es el estado de letargo en el que algunos animales se sumergen durante los meses de invierno. Durante la hibernación el metabolismo de los animales decrece hasta un nivel muy bajo, además de tener una temperatura corporal y una frecuencia respiratoria inferior a lo normal.

    Y la época del año nada tiene que ver.

    El frío que nos corre por la espalda llegó desde Lejano Oriente y la mayoría al principio no le llevamos mucho el apunte. Lo que estaba pasando nos parecía espantoso, pero estaba pasando lejos y seguramente no escalaría fuera de control…

    La realidad pronto nos mostraría una de sus peores caras y nos dimos de bruces contra una nueva realidad, una realidad desconocida, cambiante, aterradora, impredecible. El mundo como lo conocíamos dejó de existir. Cancelamos planes, suspendimos actividades, reorganizamos nuestras vidas lo mejor que pudimos y empezamos a sumar preocupaciones.

    Algunos tenemos a la familia y los afectos desparramados por el mundo, en distintos continentes y diversos husos horarios y en teoría estamos más acostumbrados a los encuentros menos frecuentes y a depender de la tecnología para sentirnos más cerca. La mayoría tiene a sus familias y afectos relativamente cerca, pero el aislamiento social y la obligación de quedarse en casa convirtió esas pocas cuadras en un océano insalvable.

    Pocos lo admiten, pero para muchos se hizo costumbre un recorrido diario de las redes sociales atentos a los posteos para asegurarse que los amigos están bien. El “buenos días” casi cotidiano en WhatsApp nos tranquiliza un poco. Ese “pasar revista” ha pasado a ser parte de nuestra rutina diaria.

    Esta pausa en los encuentros sociales parece haber activado la necesidad ineludible de organizar reuniones virtuales bastante seguido y eso hay que rescatarlo. Ahora nos vemos y nos escuchamos un poco más.

    Y para muchos también llegó el trabajo a distancia. Aunque el teletrabajo se ha incorporado a la realidad cotidiana, en la práctica no es tan sencillo como la mayoría creía (o fantaseaba).

    Hace muchos años que trabajo en casa y tengo un espacio dedicado, por lo que el “encierro” no debía suponer cambios significativos para mí… en teoría. Antes pasaba sola la mayor parte del día, trabajando a mi ritmo y debo reconocer que en forma bastante despreocupada: ya no tengo niños pequeños y esas obligaciones eran cosa del pasado. Ahora estamos todos en casa, todo el día. Y al trabajo-trabajo se le ha sumado más trabajo en la casa con mayor necesidad de orden y limpieza: todos los espacios se usan más y obviamente se ensucian más, y se suma todo lo extra que ahora hay que desinfectar y lavar cuando alguno regresa de la calle o se hace la compra. No puedo quejarme porque sigo teniendo trabajo, pero el tiempo útil parece haberse encogido, dividiéndose entre la multiplicidad de actividades onlinecon ofertas super interesantes de charlas y eventos de formación en diabetes y en lo profesional (fuera del mundo de la diabetes), y todo esto sin dejar de mantenerse informado de lo que sucede en el mundo exterior, aprendiendo sobre este nuevo virus que parece haber llegado para quedarse.

    ¿La diabetes? Todo bien. También “en proceso” ya que el confinamiento coincidió con la puesta en servicio de mi nueva Minimed 670G, aprender a usarla y adaptarme a los cambios.

    Todo esto parece consumir mucha energía útil y a dispersarla, pero al mismo tiempo siento que buena parte de esa energía también está en proceso de reagrupación y redireccionamiento. Una parte mía está en pausa, hibernando y preparándose para la siguiente etapa.

    Y estoy segura que no soy la única.

    Escrito por

    La diabetes es parte de quien soy, pero no me define. Yo me defino a mí misma.

    4 thoughts on “En pausa

    1. Querida Ana, esta etapa que has denominado de hibernación es decir de letargo, para mí y creo para muchos otros más, tiene tantas facetas entremezcladas que me cuesta trabajo distinguir una de otra en la cotidianeidad de mi hoy. Pues paso como si fuera una pelota a veces con una dirección clarificada y otras veces sin percibir hacia dónde voy hasta que reboto dolorosamente y eso va de acuerdo a las necesidades del día a día.
      Por un lado el sentirme obligada a resguardarme en la protección de mi casa, lugar del que agradezco infinitamente. Pero después de 74 días totalmente sin salir para nada, hasta lo más cálido es insuficiente por momentos. Especialmente en aquéllos en que es necesario asear para mantener el espacio grato. Hace dos años por el accidente que tuve, empecé a depender de que alguien hiciera las tareas pesadas y ahora al decidir resguardarme, he tenido que hacerlo yo. Me resisto a vivir en un lugar falto de limpieza, pero eso me ha obligado a realizar los quehaceres domésticos de maneras inimaginables y muchas veces con consecuencias dolorosas por muchas horas. Sin embargo cuando me siento a tomar una taza de cocoa con café, elixir de los dioses, en mi jardín interior limpio y acogedor, es un deleite que no cambio por nada.
      Eso es en el aspecto de orden y limpieza; pero en otro, el anímico ahí también ha sido un reto. Si alguna vez dije que el ser humano fue creado para vivir en comunidad, hoy no me cabe la menor duda. Yo soy por naturaleza una persona reservada, pero me encanta interactuar con otros, conocidos o desconocidos y esta vivencia en solitario físicamente ha templado mi carácter. Lo bueno es que los medios de comunicación promueven una cercanía por la cual doy gracias infinitas pero aún así el contacto físico es algo insuperable.
      Por otro lado mi querida Ana, tú dices, ahora todos juntos el trabajo se multiplica, pues yo puedo decir lo mismo pero invertido. Qué cómo? Pues no sé explicarlo muy bien, pero así es, el trabajo se ha multiplicado y solo estoy yo aquí para realizarlo.
      Dices que aunque has trabajado por años desde casa, ahora sin embargo es diferente. Pues yo también lo percibo así, mi trabajo profesional desde hace un poco más de un año es desde casa, sin embargo, ahora se ha acentuado más. Y no sé si es real esa percepción o es que ahora por tantas emociones a veces desbocadas y otras tan silentes, así me lo pareciera.
      Ahora espero con alegría esas llamadas o mensajes de los amados, y también me he dado cuenta que cuando salen de la cotidianeidad, al recibirlos por fin, hay un suspiro profundo que sale de mi ser, conteniendo las palabras, de porqué no habías llamado? Y entonces necesito recomponerme instantáneamente para crear un ambiente de tranquilidad en esta incertidumbre.
      A veces es doloroso despedirme de cada amor en cada llamada, porque la inquietud me lleva a eso. Soy una mujer creyente y a cada uno de los míos los he dejado en manos del Señor, pero cuesta porque hay el que dice que no va a permitir tal manipulación refiriéndose a la pandemia y se protege apenas, saliendo como le es usual a realizar sus actividades cotidianas. Y eso al principio de mi confinamiento me llevó a experimentar ansiedad, pues ni aun dialogando he podido moverlo de su posición. Así como los otros que por diferentes motivos necesarios salen y yo lo único que digo es, Señor en tus manos están. En fin esto es parte de verlos actuar como adultos pensantes que son. Así mismo como otro de mis amores por razones laborables ha quedado en otro lugar.
      En cuanto a la diabetes, aparentemente en orden, solo que ahora algo que me han dicho varios con diabetes de diferentes partes del mundo. «Ahora todo es Covid», por lo tanto pareciera que todas las demás enfermedades entre ellas la diabetes hubieran desaparecido, o en el mejor de los casos como si estuvieran «suspendidas». Muchas veces porque se tiene miedo de ir a cualquier hospital por el miedo de un posible contagio o porque así de sencillo, no hay los suficientes lugares para otorgar el servicio médico adecuado y eficiente, ya que muchos hospitales donde se atendía cotidianamente se han convertido en hospitales Covid. Ya que mi querido México, por más de cuatro décadas ha sido desmantelado paulatinamente en su aparato médico y ahora ante esta emergencia sanitaria, pues las consecuencias las vivimos amargamente.
      En mi caso, como no tomo aún ningún hipoglucemiante, yo me siento con mayor vulnerabilidad en cuanto al manejo de la diabetes. Pues cualquier desequilibrio entre ello, la situación emocional sabemos que impacta negativamente, en pocas palabras, es todo un reto en el día a día.
      Y también esto me permite pensar en «cómo sería atendida en caso de necesitarlo» pues si en situaciones normales muchos doctores no saben qué y cómo hacerle conmigo. Lo he vivido, pues en una emergencia sanitaria, realmente no sé cómo le harían conmigo. Ese pensamiento si realmente he ha quitado el aliento por segundos, cuando me he permitido pensar en ello.
      Por eso querida Ana ese letargo que dices vivir, para mi si utilizara tus palabras es todo un reto por superar día a día, y si me expliqué adecuadamente es pasar de una a otra actitud constantemente como lo especifiqué casi al inicio.
      Un gran abrazo, porque sé que cada palabra escrita trae un gran badajee de emociones, acciones y actitudes pensadas, superadas. Eres una gran mujer, y me alegra conocerte. Cuídate mucho y ánimo, para mí el gran reto es aprender a vivir con el bichejo, que como dices, llegó para quedarse.
      Martha Eugenia,
      Mujer Mariposa.

      • Muchas, pero muchas gracias Martha Eugenia por compartir tus pensamientos, y más importante aún, tus sentimientos. El mundo está cambiando ante nuestros ojos y el proceso de adaptación no será fácil. Pero hemos aprendido de desafíos y resiliencia y vamos a encontrar este nuevo camino.
        Eres una gran amiga y también me alegra infinitamente conocerte.

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