Medirse la glucemia, aplicar la insulina, hacer la caminata diaria, preparar y comer la ensalada verde que acompaña (o debería acompañar) todas nuestras comidas y todas esas pequeñas actividades cotidianas que muchas veces ni siquiera hacemos de manera totalmente consciente son, en ocasiones, imposibles de sostener.
Si alguno de la familia está hospitalizado y requiere nuestra compañía o cuidados, las prioridades cambian radicalmente y tenemos que buscar la forma de adaptarnos… y rápido.
No podemos olvidarnos que tenemos diabetes porque hacerlo podría resultar en una crisis por hipoglucemia o hiperglucemia que necesitaría atención médica, y es necesario mantener cierto grado mínimo de atención y “control” para no sumar más preocupaciones o trastornos a nuestra familia.
Es una de esas situaciones en las que nuestro manejo de la diabetes probablemente sea un desastre: no se respetan los horarios de comidas ni las horas de sueño, y buena parte de nuestra vida queda patas para arriba… y la diabetes es una de esas cosas que es imposible guardar en un cajón o entre los libros de la biblioteca hasta que podamos llevarle el apunte de nuevo.
Por suerte, o con suerte, contaremos con el apoyo de nuestra familia, en persona o a distancia, pero los tendremos afectivamente cerca. Muchas comidas serán un sándwich al paso, pero cuando se presente alguna oportunidad podemos compensar con una ensalada y/o fruta, y en lugar de la caminata regular podemos caminar de y hacia el hospital o clínica, usar las escaleras siempre que tengamos que subir o bajar y dar un par de vueltas a la manzana para despejar la mente y poner los músculos en movimiento aprovechando todas las oportunidades que se presenten.
Es casi seguro que la diabetes nos va a jugar una mala pasada, pero creo que no tiene sentido hacernos demasiada mala sangre por lo que no podemos controlar o modificar… todo lo que podemos hacer es “navegarla” lo mejor posible, acompañar y compartir con nuestros afectos y no caer en la trampa de la culpa.
QUERIDA ANA.
ENTIENDO PERFECTAMENTE DE LO QUE HABLAS PORQUE ALGUNA VEZ ESTANDO EN LAS ULTIMAS HORAS DE UNA SER AMADO ACOMPAÑÁNDOLO, LO QUE PEDÍA SOSTENIENDO SU MANO, SIN QUERER NI SOLTARLA Y MENOS ALEJARME DE SU LECHO, MI PETICIÓN ERA: QUE NO ME DE UNA HIPOGLUCEMIA, PUES NO QUIERO IR A COMER.
INTUÍA QUE ESTABA GRAVE, Y POR ESO MI APURO DE NO QUERER SEPARARME DE SU LADO.
POR OTRO LADO HASTA MUCHO, MUCHO TIEMPO DESPUÉS, ME PERCATÉ QUE UNA HIPO ERA CASI IMPOSIBLE QUE ME HUBIESE DADO, YA QUE POR LA TENSIÓN EMOCIONAL QUE ESTABA PASANDO, LO MAS PROBABLE ES QUE LA GLUCOSA HUBIESE SUBIDO.
SIN EMBARGO CONCUERDO CONTIGO, PORQUE ASÍ FUE,… CUANDO LA DIABETES QUEDA EN ÚLTIMO LUGAR.
UN GRAN ABRAZO MI QUERIDA ANA.
ANA :
Estoy leyendo tus relatos y me siento tan identificada que no puedo parar de leer, lo que contas en Mi vida con diabetes.
Atravesando circunstancias similares a las que describis, un día comenzé a caminar los pasillos del hospital con un frenesí total ya que
había llegado mi glucemia a casi 300. Me asusté bastante y entré en una suerte de pánico, que solamente logró elevar mas los niveles de
glucemia.
Me encuentro en un vaivén de mediciones, y cosas que no comprendía, tal vez logré comprenderlas mejor al leer tus comentarios.
Gracias Ana.
No soy insulinodependiente aún, por que lo estoy «negociando» con mi diabetóloga ( que hace un par de meses que quiere que empieze a aplicarla y yo me rehusé) y me asusta la posibilidad de la insulina.
No siempre camino, a veces quedo trabajando frente a la compu, y no siempre acompaño mis comidas con ensaladas.
Cuando enfrento cuestiones de la vida que me causan stress, ( lo que pasa bastante seguido últimamente) me boicoteo y mi voluntad de control no siempre es la mejor.
Ana agradezco tus comentarios y te envío un afectuoso abrazo